R U B A L C A B A, pongamos que me gustaría creerle.

A continuación, como homenaje al compañero Carlos Carnicero, periodista despedido de la Ser trás 17 años ante los microfonos amarillos, transcribo artículo con ese don que Dios le dió. Este artículo esta sacado de su blog personal y fue publicado por El Periodico de Cataluña. Carlos, bienvenido al dique seco. Menos mal que, al menos, nos queda la Red…

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El PSOE es un partido centenario, cuajado de hazañas de sus militantes en todas las épocas, de errores y de aciertos. Pero hay unos pilares de solidez y de honradez en su trayectoria que han hecho que cientos de personas, hombres y mujeres hayan dado la vida por él o realizado enormes sacrificios por conseguir una sociedad democrática más justa y más solidaria. Esa memoria merece ser respetada y no creo que sea adecuado compartir la marca del partido transmutándola en la de un líder y delegar un poder omnímodo, que es el que ha disfrutado Zapatero, hasta hacer desaparecer las siglas y la organización succionada por el candidato. Si el partido es abducido por el líder, el líder se creerá que él es el partido y de hecho lo suplantará.

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Pablo Iglesias dijo que si un compañero se proponía para un cargo era motivo suficiente para que no lo ocupara; pongamos que eso no puede ser exactamente así ahora, porque los partidos permiten que se autopropongan candidatos.

Pero el sentido que le quieren dar a las primarias es un error que cautiva en esta sociedad líquida donde los eslóganes han sustituido a las propuestas. Si, además, las primarias no se llegan a celebrar, porque la otra persona que se quería presentar se retira -denunciando una conspiración contra el partido y contra el presidente del Gobierno-, el tema raya en el paroxismo. Las primarias son un sistema para una sociedad sin partidos. Ni el Partido Demócrata ni el Partido Republicano norteamericanos tienen parecido con los partidos europeos. No hay militantes, no hay órganos de dirección y no hay congresos. Las convenciones sirven para promulgar candidatos y son unos escenarios de propaganda que han conseguido contaminar la dinámica en España. La financiación y la organización es de cada candidato: el partido, en realidad, es una marca. Y eso es lo que se pretende que ocurra aquí: escenarios con luz y sonido y candidatos que sustituyen a la organización del partido. Señales de televisión del propio candidato. Secuestro de la libertad de información.

Se compara con la tecnología política y con las propuestas del PP porque el hemisferio conservador en donde vive el partido de Mariano Rajoy es la clásica organización de un partido de cuadros. La contaminación de los partidos conservadores ha llegado a la izquierda democrática. La adhesión ha sido sustituida por la incondicionalidad. El liderazgo se ha endiosado hasta la cesión absoluta de poderes. La política se ha convertido en una religión en la que la fe sustituye a la razón.

Y en ese universo de tecnología de la delegación absoluta de la voluntad política de los militantes ha nacido Rubalcaba como una criatura de Zapatero. ZP reencarnado en RU BALCABA. Se han sustituido personas y formulación de proyectos utilizando el mismo molde. El partido es un pretexto para ejecutar la política del candidato. El partido desconocía las propuestas del candidato, que ni siquiera las ha sometido al filtro del comité electoral. El discurso es el de su proyecto; el de suprograma. No es el discurso del PSOE porque está aplicando en el poder lo contrario de lo que predica el candidato.

Solo hay una posibilidad de que el proyecto de Rubalcaba sea digerido desde los cedazos de la izquierda democrática. Que se trate de un mero torniquete para que el enfermo no se desangre. Abonarían esa tesis las circunstancias de idoneidad del candidato para una confrontación con Rajoy.Si el CIS nos insistía en que los ciudadanos no soportaban a Rajoy ni a Zapatero como candidatos, la aparición de Rubalcaba rompe la maldición política de estar abocados a votar a quienes no se consideraba idóneos.

Rubalcaba debería ser un trámite engorroso en una situación de quiebra técnica de un partido centenario. Si quiere tener futuro, debe volver a recuperar el Pérez y ceder la capacidad de decisión al partido. Podría ser el eslabón entre una derrota digna y una refundación de un proyecto político agotado. La indignación y el 15-M han marcado las líneas maestras que los partidos deben adoptar para sobrevivir. Y esas referencias son contradictorias con el proyecto de Rubalcaba -y naturalmente con la esencia del PP- como estadio de participación política para el futuro.

No es posible la sustitución de una democracia representativa por una democracia directa. Al menos sin grandes transformaciones sociológicas. Pero de lo que no cabe duda es de que las tecnologías y la sociedad de la información han evidenciado la falta de soporte suficiente para la intermediación. Tal y como está concebida, la intermediación en la política y en la prensa conduce necesariamente a la desconexión entre los ciudadanos, los partidos, los medios de comunicación y las instituciones. O se transforma el marco de la intermediación o la sociedad explotará por costuras tan estrechas.

Rubalcaba tiene pluriempleo para ser creíble. Tiene que sentar las bases de transformación del PSOE para hacerlo democráticamente transitable y tiene que tener un resultado digno que evite la sensación de catástrofe. No lo tiene fácil. Pluriempleo.

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